Disfunción tiroidea en la tercera edad

Aunque cualquier persona de cualquier edad puede padecer una disfunción de la glándula tiroides, el riesgo de desarrollarla aumenta con la edad. A partir de los 40 años las probabilidades de padecer hipotiroidismo son más elevadas y entre un 9-16% de los mayores de 60 años puede padecer hipotiroidismo leve. Por ello, se debe prestar especial atención a los síntomas que pueden alertar de cualquier alteración, pues podemos confundirlos con problemas propios del envejecimiento normal. Se debe tener en cuenta, además, que en pacientes de más edad puede haber incluso una menor sintomatología, lo cual dificulta su diagnóstico.

La prevalencia del hipotiroidismo aumenta progresivamente con la edad y afecta al 5-20% de mujeres y al 3-8% de los hombres. Los síntomas son poco evidentes y se confunden con los de otras enfermedades comunes para la edad: aumento de peso, fatiga, debilidad, piel seca, somnolencia… Además, son  frecuentes las alteraciones neuropsiquiátricas como la depresión, deterioro cognitivo o los problemas de memoria, disminución o pérdida de audición y del gusto, disminución de la capacidad de coordinar los movimientos, etc. Incluso el hipotiroidismo puede ser causa de una demencia tratable y debe ser descartado en la evaluación de cualquier enfermedad degenerativa en la tercera edad. Las alteraciones cardíacas, angina de pecho o las arritmias pueden ser la expresión de una disfunción tiroidea en el anciano. Esto se debe a que el sistema cardiovascular de las personas de más edad es más sensible a los cambios en las hormonas tiroideas.

En ocasiones la disfunción tiroidea puede ser consecuencia de medicamentos (litio, amiodarona, etc…). Se estima que uno  de cada cuatro ancianos sufre hipotiroidismo no diagnosticado en residencias geriátricas.

El tratamiento más habitual del hipotiroidismo es administrar hormona tiroidea sintética, de la misma manera que en pacientes más jóvenes, aunque en dosis más bajas, y adaptadas a las necesidades individuales en cada paciente.

Si nos referimos al hipertiroidismo los síntomas que pueden padecer los pacientes de la tercera edad son escasos y atípicos, predominando la pérdida de peso y las alteraciones cardíacas. Mientras que en pacientes más jóvenes, la enfermedad de Graves es la causa más común de hipertiroidismo, en pacientes de más edad podemos encontrar como causa el bocio nodular o multinodular tóxico. El tratamiento ocasionalmente es farmacológico pero en la mayoría de los casos se prefiere el yodo radiactivo, para reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Se debe tener en cuenta que la interpretación de los valores de las pruebas de función tiroidea en ancianos  no son comparables a los de personas jóvenes, ya que puede haber cambios hormonales asociados a la edad o a la toma de medicamentos –algo habitual en la tercera edad-. El tratamiento ha de ser considerado de forma individual, en función de la historia de cada paciente, debido al mayor riesgo de complicaciones.