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¿En qué casos se recurre a la biopsia de tiroides?

Es posible que su médico sugiera llevar a cabo una biopsia. Esta prueba ayuda a diagnosticar, pero también a descartar, enfermedades o alteraciones de la tiroides. En ocasiones se emplea para comprobar cómo está funcionando un tratamiento ya administrado.

Se trata de un procedimiento sencillo y seguro que se lleva a cabo casi siempre en la consulta. Al paciente se le pide que se coloque tumbado boca arriba, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás para que el cuello quede extendido. A veces se ofrece una almohada para que la postura sea óptima. Es normal que durante el procedimiento sienta la presión que ejercen el transductor (el aparato que se pone en contacto con la piel para obtener la imagen ecográfica si es que en la biopsia utiliza este recurso) o de la aguja que se utiliza para extraer la muestra de tejido. El médico le pedirá que se mantenga tan quieto como sea posible y que evite toser, hablar o tragar durante la biopsia.

La aguja que se emplea es muy pequeña, tanto que muchas veces no es necesario siquiera emplear un anestésico local para llevar a cabo el procedimiento. Aunque es habitual que se pregunte al paciente si está tomando alguna medicación por si ésta pudiera interferir, lo normal es que no sea necesaria ninguna preparación. Cuando el paciente es un niño o un adolescente, se utiliza sedación o bien se recurre a algún método de distracción, con empleo de ecografía para asegurarse de que la aguja llega al lugar preciso donde debe practicarse la aspiración.

Para facilitar el análisis de las células que se aspiran en una biopsia, es bastante común que se extraigan éstas de diversas partes del nódulo para que un patólogo las examine en el laboratorio.

El examen de las células que se extraen en una biopsia puede servir para descubrir cuál es la causa de un nódulo o masa, revelando si se trata de un quiste, una infección, un tumor benigno o cáncer. La biopsia de una zona en la que se ha identificado una infección puede ayudar a determinar cuál es el agente infeccioso para emplear los medicamentos más eficaces. En caso de inflamación, una biopsia puede servir para determinar su causa.

A veces, antes de la biopsia se realizan pruebas de imagen como tomografía computarizada, escáner o ecografía. Estos métodos también pueden servir de apoyo para guiar la aguja hasta el lugar preciso donde se quiere realizar la aspiración.

La biopsia puede arrojar cuatro resultados: no-diagnóstico, benigno, maligno e indeterminado. En el primer caso, se interpreta que no hay suficientes células para realizar un diagnóstico. Es algo que, incluso cuando un experto es el responsable, puede suceder entre un 5% y un 10% de los casos. Lo más normal es que se repita la prueba. Si el resultado es benigno, eso significa que hay una probabilidad del 97% de que el nódulo no sea cáncer. En la mayor parte de esos casos se realiza una revisión al cabo de seis meses para controlar los nódulos, aunque podría decidir operarse si los nódulos son grandes, producen síntomas o afectan a la apariencia del paciente. En caso de que el resultado sea ‘maligno’, hay un 97% de probabilidades de que haya cáncer, habitualmente carcinoma papilar de tiroides. En la mayoría de los casos se opta por extirpar la tiroides por completo (tiroidectomía total); mientras que la extirpación de ganglios linfáticos es algo que se valorará con el especialista. Por último, si el resultado es ‘indeterminado’ caben diferentes lecturas de los resultados. Se estima que entre un 15% y un 20% de los pacientes con este resultado tienen cáncer de tiroides. Dicho de otra forma: una de cada cinco personas cuya biopsia arroja este resultado pueden tener cáncer. En estas circunstancias, la única forma de establecer claramente el diagnóstico es extirpar la tiroides (totalmente o la mitad de la glándula) para ver si las células de los nódulos están invadiendo el tejido tiroideo adyacente o alcanzando otros fuera de la glándula.

 

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