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Carcinoma medular tiroides - Chica con vestido sentada en roca mira lago
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Carcinoma medular de tiroides: ¿qué es y cómo puedo evitarlo?

El carcinoma medular de tiroides o carcinoma medular tiroideo representa aproximadamente entre el 1% y el 2% de todos los casos de cáncer de tiroides, aunque algunas estimaciones llegan al 5%. Aproximadamente una cuarta parte de los casos tienen un componente hereditario, con una mutación del gen RET (proto-oncogen RET) y se asocian con otros tumores endocrinos. A los pacientes con carcinoma medular de tiroides se les practica una prueba genética para determinar si la enfermedad es esporádica (no está relacionada con el gen) o si hay mutación.

En padres, hermanos e hijos de la persona afectada, una prueba genética puede permitir el diagnóstico temprano de la enfermedad y practicar una cirugía a tiempo de impedir su diseminación. Extirpar la tiroides es una forma de prevenir este tipo de cáncer cuando se detecta la mutación. Después de la cirugía, la persona recibirá tratamiento diario con levotiroxina de por vida.

Cuando el carcinoma medular de tiroides se presenta junto con otras neoplasias de glándulas endocrinas diferentes a la tiroides la enfermedad se llama neoplasia endocrina múltiple de tipo 2 (MEN 2). Esto explica que en muchos casos los médicos recomienden pruebas para descartar tumores como feocromocitoma (tumor en una glándula suprarrenal) o neoplasias paratiroideas, ambos poco frecuentes.

El carcinoma medular de tiroides suele ser más agresivo que las otras formas, más frecuentes, de cáncer de tiroides, como el carcinoma papilar y el carcinoma folicular. Por eso, es más fácil tratarlo cuanto antes se diagnostica.

Habitualmente, se llega al diagnóstico con una biopsia de aguja practicada en el nódulo o bulto detectado en la tiroides, o bien después de que se haya llevado a cabo su extirpación. Cuando el resultado de las pruebas sugiere que hay carcinoma medular, suelen medirse los niveles de calcitonina y antígeno carcinoembrionario (ACE) en sangre, ya que es característico que ambas proteínas se encuentren en concentraciones más elevadas de lo normal.

Realizar estas pruebas, además de confirmar el diagnóstico, permite planificar debidamente la cirugía, y más adelante serán de utilidad para su comparación con los resultados de los análisis que el médico realizará durante el seguimiento a largo plazo para el control de la enfermedad.

El primer tratamiento que se ofrece a las personas con carcinoma medular de tiroides es la cirugía, que en este caso se lleva a cabo extirpando por completo la glándula, lo que se conoce como tiroidectomía total. No es infrecuente que durante el mismo procedimiento, o bien en una fase posterior, se extirpen los ganglios linfáticos del cuello o la parte superior del pecho.

A diferencia de lo que sucede con los carcinomas papilares y foliculares, el carcinoma medular no responde a la terapia con yodo, de forma que en general este tratamiento no se considera una opción. No obstante, hay especialistas que prefieren administrar una única dosis para asegurarse de que no hay restos de tejido tiroideo en el organismo.

Cuando el paciente tiene además niveles muy elevados de calcitonina, se le somete a pruebas de imagen para determinar si el tumor se ha extendido a otros tejidos del organismo. En caso de detectarse evidencias de cáncer fuera de la zona del cuello, la cirugía tiene como objetivo aliviar las molestias que puede producir el tumor en la tiroides, ya que su eliminación podría requerir tratamientos adicionales como radioterapia o quimioterapia, además de la cirugía. Todas estas opciones deben abordarse en detalle durante la consulta.

Es crucial que el paciente se someta a revisiones periódicas que incluirán reconocimiento físico e historia clínica detallada, además de ecografías del cuello. Otra parte importante del seguimiento son los análisis de sangre. Éstos permitirán, entre otras cosas, ajustar debidamente las dosis de levotiroxina que el paciente toma diariamente tras la tiroidectomía. También se realizan mediciones de los niveles de calcitonina y ACE de forma periódica. Tras la cirugía, lo normal es que los niveles de calcitonina sean indetectables.

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