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Terapia con yodo radiactivo, ¿en qué consiste y cuándo es aplicable?

La hiperfunción de la glándula tiroides o hipertiroidismo sucede cuando ésta sintetiza y libera (segrega) una cantidad excesiva de hormona tiroidea a la sangre. La consecuencia es una hiperfunción o aceleración del metabolismo corporal. La presentación más habitual de la enfermedad –en un 85% de los casos- es la enfermedad de Graves. También el bocio nodular o multinodular tóxico puede ser causa de hipertiroidismo.

Para el bocio nodular o multinodular tóxico el tratamiento más habitual de esta disfunción tiroidea es la terapia de yodo radiactivo (I-131) y también es una de las opciones terapéuticas en la enfermedad de Graves. Este tipo de terapia consiste en la utilización de un isótopo de yodo que emite radiación en cantidades muy pequeñas. Se utiliza tanto para diagnosticar como para tratar el hipertiroidismo.

El tratamiento es muy sencillo: el paciente ingerirá una pequeña dosis de I-131 en cápsula o líquido que será absorbido hacia el torrente sanguíneo hasta llegar a la glándula tiroides donde comenzará su misión: destruir las células tiroideas. A veces se utiliza la vía de administración intravenosa. La radioactividad permanece en la tiroides un tiempo pero disminuye al cabo de unos días (de dos a cuatro días). La efectividad del tratamiento se puede comprobar al cabo de uno a tres meses y una sola dosis suele ser suficiente para lograr controlar el hipertiroidismo.

Debido a la sencillez del proceso, el tratamiento se suele llevar a cabo de forma ambulatoria ya que las dosis prescritas suelen ser pequeñas. Posteriormente se debe evitar el contacto directo con otras personas durante varios días, especialmente embarazadas o niños. El cuerpo irá eliminado la carga radiactiva a través de la orina, la saliva, el sudor y las heces. Por ello, es importante seguir unas recomendaciones:

  • Beber abundantes líquidos y comer caramelos ácidos.
  • Lavar la ropa (de cama, toallas, etc.) aparte de la del resto de la familia.
  • No compartir baño en los primeros días.
  • Extremar la higiene corporal así como de todos los utensilios utilizados. Y siempre aparte de los del resto de la familia.
  • El paciente deberá dormir sólo y estar apartado (unos 2 metros) de su familia u otras personas en los primeros días después del tratamiento.
  • Evitar permanecer tiempo prolongado en lugares públicos durante los primeros días.
  • Si la paciente es una mujer, no deberá quedarse embarazada entre los 6 meses y el año después del tratamiento.
  • Si está en periodo de lactancia materna, deberá suspenderla, o posponer el tratamiento con yodo radiactivo para después de terminar la lactancia.

Por razones de seguridad para el feto, esta terapia está contraindicada para aquellas mujeres que están embarazadas, ya que podría dañar la glándula tiroides del bebé.

Muy raramente durante el tratamiento el paciente podrá padecer dolor en la glándula tiroides, como si fuera un dolor de garganta, pero que cederá con el paso de los días.

La función tiroidea puede volver a normalizarse después del tratamiento en los bocios nodulares o multinodulares tóxicos. La consecuencia más llamativa del tratamiento con yodo radiactivo en la enfermedad de Graves puede llegar a ser la destrucción de la glándula tiroides, por tanto el hipertiroidismo inicial derivaría en un hipotiroidismo generalmente crónico, para el que sería necesario tratamiento con hormona tiroidea. Otros efectos que pueden aparecer son gastritis o sequedad de boca, debido a la captación de yodo radiactivo por parte de la mucosa gástrica o de las glándulas salivares. Pero a medida que la concentración de yodo se vaya eliminando, irá desapareciendo.

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