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¿Qué es el carcinoma papilar de tiroides?

Visión global del carcinoma papilar de tiroides

El carcinoma papilar es la forma más frecuente de cáncer de tiroides, ya que constituye en torno a un 70-85% de los casos. Esta forma de la enfermedad y el cáncer folicular se conocen también como carcinomas diferenciado de tiroides, y en total constituyen el 90% de todos los cánceres que afectan a la glándula tiroides.

El carcinoma papilar puede presentarse a cualquier edad. Se caracteriza por tener un crecimiento lento y es relativamente frecuente que afecte a los ganglios linfáticos. En general tiene muy buen pronóstico.

Se detecta con mayor frecuencia entre personas que por diferentes circunstancias se han expuesto a dosis altas de radiación, así como en sujetos con antecedentes familiares o en mayores de 40 años, pero en la mayor parte de los casos no hay una causa específica que explique por qué se ha desarrollado la enfermedad.

Síntomas de carcinoma papilar de tiroides

La mayor parte de los casos de carcinoma papilar de tiroides en fases iniciales se caracterizan por no manifestar síntomas. De hecho, muchas personas no saben que padecen la enfermedad.

Los pacientes en los que los nódulos o bultos crecen pueden notarlos al tacto o verlos. En otras personas se forman nódulos muy grandes que hacen difícil tragar o incluso respirar.

En casos de carcinoma papilar de tiroides avanzado, es posible que resulten afectadas otras partes próximas a la tiroides, provocando ronquera, por ejemplo.

Otro síntoma posible es un aumento del tamaño de los nódulos linfáticos, que se presentan firmes al tacto, crecen y no reducen su tamaño con el paso del tiempo.

Algunos casos se presentan con irritación de la garganta o dolor.

Solo uno de cada 20 nódulos son cancerosos.

Factores de riesgo de carcinoma papilar de tiroides

Un factor de riesgo es cualquier elemento que hace que una persona tenga más probabilidades de desarrollar cáncer.

Factores de riesgo no modificables de carcinoma papilar de tiroides

  • Edad y sexo- Es más frecuente en mujeres, como todas las enfermedades tiroideas, y entre los 40 y los 50 años (en varones se da con más frecuencia a partir de los 60 años).
  • Antecedentes familiares

Factores de riesgo modificables de carcinoma papilar de tiroides

  • Dieta con alto contenido en yodo
  • Exposición a radiación

Tratamiento del carcinoma papilar de tiroides

La terapia de primera línea para el cáncer de tiroides es la cirugía. Se extirpará la glándula tiroides parcial o totalmente en función del tamaño del tumor y su localización. La extirpación total de la glándula tiroides se llama tiroidectomía. Cuando solo es necesario intervenir en un lado de la tiroides el procedimiento se conoce como lobectomía. Si se observa que ha aumentado el tamaño de los ganglios linfáticos o hay signos de que el cáncer se haya extendido a éstos, se procederá a su extirpación, que puede llevarse a cabo en el mismo procedimiento.

Por otro lado, hay estudios recientes que sugieren que en los casos de cáncer de tiroides con tumores muy pequeños, que se conocen como carcinomas micropapilares, es segura la estrategia de realizar controles frecuentes y minuciosos por medio de ecografías en lugar de optar directamente por la cirugía.

Después de la intervención, el paciente necesitará tratamiento sustitutivo diario de por vida para compensar la falta de actividad de la tiroides. Es bastante común que la cirugía sea suficiente para atajar la enfermedad, sobre todo en casos de tumores de pequeño tamaño.

Cuando el tumor es grande o se ha extendido a otros tejidos, o si el médico determina que existe riesgo de recaída, cabe la posibilidad de que recomiende recurrir a terapia con yodo radiactivo tras la extirpación. Hay especialistas que se inclinan por utilizar este recurso en fases tempranas, pero como la tasa de curación de la cirugía por sí misma es excelente, suele dejarse el yodo radiactivo como posibilidad en el futuro si hubiera recaída.

En estos casos, el paciente y el especialista deben hablar con detalle de cuál será la mejor manera de tratar el cáncer reduciendo al mínimo los efectos no deseados de este tratamiento según las necesidades y preferencias del paciente, incluyendo la administración previa de medicación y el seguimiento posterior.

Los reconocimientos periódicos son de una importancia enorme para todas las personas que han sido diagnosticadas con cáncer de tiroides. El riesgo de que reaparezca es menor con el paso del tiempo, pero, si sucediera, detectarlo de forma precoz simplifica el tratamiento y facilita el éxito de la terapia. En las consultas de revisión, el médico realizará un examen físico con especial atención al área del cuello, y recogerá datos para completar la historia clínica.

Entre las pruebas que solicitará con motivo de la revisión están análisis de sangre y ecografía del cuello. Como la mayor parte de los pacientes que han superado un cáncer de tiroides están con tratamiento sustitutivo después de la cirugía, la analítica mostrará el nivel de hormona estimulante de tiroides (TSH) en el organismo y permitirá ajustar la dosis. En la analítica también se vigilan los niveles de tiroglobulina, para evaluar su posible elevación por encima de los umbrales normales.

Otra posibilidad es que el médico recomiende realizar un rastreo corporal con yodo. En la práctica esta prueba suele realizarse en pacientes con mayor riesgo de recurrencia, ya que la combinación de analítica y ecografía es un método bastante preciso para detectar o descartar la reaparición del cáncer.

 

FUENTES
Columbia University Irving Medical Center. Resources for patients. Papillary Thyroid Cancer.
NHS Inform. Thyroid cancer.
American Cancer Society. Cancer A-Z. Thyroid Cancer. Thyroid Cancer Risk Factors.

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