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Recuperación tras una tiroidectomía

La tiroidectomía es la extracción de toda o de una parte de la glándula tiroides. Hablaremos según la porción de tiroides extraída de hemitiroidectomía, tiroidectomía subtotal, tiroidectomía total o tiroidectomía ampliada con intervención sobre cadenas ganglionares. La tiroidectomía se utiliza para tratar trastornos de la tiroides, siendo el bocio nodular (uní o multimodular) la patología más frecuente, hiperfunción tiroidea y procesos cancerosos.

La glándula tiroidea se encuentra situada superficialmente en la cara anterior del cuello y por tanto es accesible a través de una incisión media cervical anterior por cirugía abierta. Hay otros métodos quirúrgicos como la cirugía endoscópica, transoral o transaxilar menos utilizados. La duración media de la cirugía es de 1-2 horas, pero depende de la complejidad de la misma. La glándula tiroidea es una glándula muy vascularizada, por lo que el sangrado local en la cirugía es frecuente, más en los casos de hiperfunción tiroidea en las muchas veces es preciso una preparación quirúrgica con solución de Lugol para endurecer la glándula y evitar sangrado excesivo. El cirujano debe prestar especial cuidado en la cirugía para preservar las glándulas paratiroideas (4-5 pequeñas glándulas situadas detrás de tiroides y regulan el metabolismo del calcio a través de la hormona paratiroidea) y que deben ser identificadas. La irritación de estas glándulas en la intervención puede provocar hipocalemia transitoria con síntomas de hormigueos o calambres. Es poco frecuente, pero posible la afectación de hipocalcemia permanente como consecuencia de una paratiroidectomia involuntaria. La otra precaución importante en la tiroidectomía es la preservación del nervio recurrente. La irritación del mismo en la cirugía provoca con relativa frecuencia ronquera y es infrecuente pero posible la resección del mismo que se asocia a parálisis de cuerda vocal permanente.

En condiciones normales la recuperación es rápida. Algunas personas quizás necesiten que se les coloque un tubo de drenaje debajo de la incisión del cuello y este por lo general se retira la mañana después de la cirugía. La estancia media en el hospital tras la cirugía no será mayor de 2-3 días por término medio. Desde el alta, la incorporación a la actividad habitual suele ser muy rápida, aunque deben evitarse esfuerzos y mantener el cuello relajado para que no se produzcan contracturas secundarias a rigidez en el cuello. La actividad cotidiana se puede realizar desde el alta y una actividad vigorosa a partir de las 2 semanas tras la cirugía. En el caso de que exista afonía transitoria, es recomendable no forzar el habla durante unos días.

La alimentación tras la cirugía no precisa medidas especiales, pero es aconsejable una dieta blanda de fácil masticación y evitar comidas con huesos y espinas, sobre todo cuando existe una discreta disfagia funcional asociada.

La analgesia en la tiroidectomía no difiere de otras cirugías, aunque en este caso si existe dolor a la deglución, puede ser aconsejable la administración de analgésicos antes de las comidas
Especial cuidado requiere el cuidado de la cicatriz. Inicialmente puede ser necesario la aplicación de frío seco local para evitar inflamación o hematoma. La evolución de la misma depende de las características de la incisión, pero también de la respuesta individual que puede condicionar la formación de un queloide (hipertrofia de la cicatriz). Es recomendable la protección local de la zona de la cicatriz, para evitar la exposición solar durante un tiempo, con un pañuelo, un apósito local o con una tira de silicona.

Tras la tiroidectomía total o subtotal, es recomendable iniciar precozmente el tratamiento sustitutivo con hormona tiroidea que se irá adaptando progresivamente por parte del especialista a las necesidades del paciente. En los casos de hemitiroidectomía es recomendable valorar la función tiroidea a las 2-3 semanas de la intervención para valorar la necesidad de realizar tratamiento sustitutivo.

La administración concomitante del calcio oral es generalmente aconsejable, si existe clínica de hormigueo o hipocalcemia asociada, aunque generalmente es temporal.

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