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Bocio multinodular no toxico: síntomas y tratamiento

El término bocio se aplica a cualquier aumento de tamaño de la glándula tiroides. Este aumento de tamaño puede ser uniforme en toda la glándula (en cuyo caso se denomina bocio difuso) o por la aparición de uno o varios bultos (nódulos), que es cuando se denomina bocio nodular. A su vez, cualquier bocio puede acompañarse o no de una alteración en la producción de hormonas tiroideas. Si conduce a un exceso de producción da lugar a un hipertiroidismo o bocio tóxico, pero si las hormonas tiroideas se mantienen normales entonces hablamos de bocio nodular no tóxico.

El bocio nodular no tóxico puede acabar siendo con el tiempo un bocio nodular tóxico, pero no necesariamente.

Las causas del bocio nodular no tóxico pueden ser variadas, pero la más habitual, con mucha diferencia sobre las demás posibles, es la ausencia de yodo en la dieta, que tiene lugar en diferentes áreas de la geografía mundial (hasta un 30% de la población mundial vive en zonas de deficiencia de yodo en la dieta). La prevalencia global mundial de bocio es del 12%; es más elevada en los países del Este Mediterráneo (22,9%) mientras que el 42% de su población está en áreas de riesgo de yododeficiencia. En conjunto, el Sudeste Asiático (India, Bangladesh e Indonesia) y el Pacífico Oeste (que incluye a China) suman más del 50% de la población mundial en riesgo de déficit de yodo. España es un país con tendencia al déficit de yodo en la dieta, por lo que es muy importante el consumo de sal yodada, no solo para prevenir el bocio nodular, sino también otros posibles trastornos asociados al déficit de yodo.

En general, los síntomas que produce el bocio nodular no tóxico son los derivados del aumento de tamaño glandular: nódulos palpables o visibles en el cuello en la región tiroidea o, si el tamaño crece lo suficiente, compresión de estructuras cervicales vecinas.

El tratamiento del bocio nodular no tóxico, si es preciso, es generalmente quirúrgico (con la resección de la mitad afectada de la glándula o de la glándula completa). En situaciones especiales, infrecuentes, se pueden contemplar tratamientos menos agresivos, no quirúrgicos, encaminados a destruir un nódulo específico mediante esclerosis o radiofrecuencia.

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